lunes, 30 de mayo de 2011

Hombres huecos

Pero, tal como puedes ver, también soy un ser humano y también me he sentido discriminado en diversas ocasiones —explica Oshima—. Y sólo una persona que haya sido discriminada sabe lo que eso representa y lo profundamente que hiere. La herida es diferente en cada persona y en cada persona deja una huella distinta. Así que a mí nadie me gana en lo que se refiere a pedir justicia o equidad. Sólo que ya estoy más que harto de la gente sin imaginación. De ese tipo de gente que T.S. Elliot llama «hombres huecos». Personas que suplen su falta de imaginación, esa parte vacía, con filfa insensible y que van por el mundo sin percatarse de ello. Personas que intentan imponer a la fuerza a los demás esa insensibilidad soltando, una tras otra, palabras huecas. Personas, en definitiva, como esa pareja de antes. — Oshima suspira y hace girar entre sus dedos el largo lápiz—. Sean gays, lesbianas, heterosexuales, feministas, cerdos fascistas, comunistas, Hare Krishnas. A mí tanto me da. A mí no me importa la bandera que enarbolen. Lo que yo no puedo soportar es a esos tipos huecos. Y cuando se me pone uno delante no me puedo aguantar. Acabo soltando más cosas de la cuenta. Antes, por ejemplo, hubiera podido dejar que hablasen. O llamar a la señora Saeki y permitir que ella se encargara del asunto. Ella lo hubiera solucionado con cuatro sonrisas. Pero yo soy incapaz de hacerlo. Acabo diciendo cosas que no debería decir, haciendo cosas que no debería hacer. No puedo controlarme. Ése es mi punto débil. ¿Y sabes por qué?

—¿Porque si te tomaras en serio a cada una de las personas sin imaginación que se te pusieran delante no darías abasto? —pregunto.

—Exacto —dice Oshima. Y con la goma del lápiz se aprieta suavemente la sien—. En realidad, es eso. Pero quiero que recuerdes una cosa, Kafka Tamura. Y es que los que mataron al novio de adolescencia de la señora Saeki no fueron otros que esa clase de sujetos. Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son estas cosas las que a mí, realmente, me dan miedo. Son estas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la
intolerancia de la gente sin imaginación son igual que parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se reproducen hasta el infinito. Y eso no hay manera de detenerlo. Y yo, semejantes sujetos, no quiero que entren aquí. —Oshima señala las estanterías con la punta del lápiz. Se refería, por supuesto, a la totalidad de la biblioteca—. Yo no puedo tomarme a risa a gente como ésa.




Haruki Murakami, "Kafka en la orilla"

sábado, 30 de abril de 2011

The sound of silence

And in the naked light I saw
ten thousand people, maybe more.

People talking without speaking,
people hearing without listening,
people writing songs that voices never share
and no one dared
disturb the sound of silence.

"Fools" I said, "You do not know
silence like a cancer grows.
Hear my words that I might teach you,
take my arms that I might reach you."

But my words like silent raindrops fell,
and echoed in the wells of silence.



Simon and Garfunkel, "The sound of silence"

lunes, 14 de marzo de 2011

Corazón de tinta

He acabado mi libro de poemas.
He acabado las rimas de encargo,
las letras medidas, los pasos en falso.
Las mismas mentiras de siempre,
lo entiendes, quizás otros te las cuenten.

He acabado las noches en vela,
las mismas infancias robadas,
el mismo romper
de las olas de otros años,
corazón de tinta que duermes en mis brazos,
me llevas entre tanto por castillos de papel,
sigue dando luz a este delirio sin cabeza,
sigue derramando sangre negra en tu almohada.

He acabado las lluvias a destiempo,
gotas que despiertan de un sueño en las aceras,
así entrelazan horizontes
de mañanas sin perfume, de sábanas vacías,
y un marco de fotos sin nombre
donde salpican los versos,
empapando cicatrices de sonrisas sin respuesta,
recorriendo la frontera de unas curvas sin sabor.

Vamos regalando nuestros andares dichosos,
las flores en tu puerta, los lazos de año nuevo
para envolver la escarcha de tus dedos en invierno,
para dejar las huellas al anónimo pasar
de aquella espera,
de aquel silencio.

¿Qué has vivido, si nunca escuchaste cantar a la sirena?
¿Qué te queda, cuando las palabras se nos mueren al salir?

jueves, 3 de marzo de 2011

Entre el centeno

Gin a body meet a body
Comin thro' the rye,
Gin a body kiss a body,
Need a body cry?





-Deja de jurar y dime otra cosa. Dime por ejemplo qué te gustaría ser. Científico o abogado o qué.

-Científico no. Para las ciencias soy un desastre.

—Entonces abogado como papá.

-Supongo que eso no estaría mal, pero no me gusta. Me gustaría si los abogados fueran por ahí salvando de verdad vidas de tipos inocentes, pero eso nunca lo hacen. Lo que hacen es ganar un montón de pasta, jugar al golf y al bridge, comprarse coches, beber martinis secos y darse mucha importancia. Además, si de verdad te pones a defender a tíos inocentes, ¿cómo sabes que lo haces porque quieres salvarles la vida, o porque quieres que todos te consideren un abogado estupendo y te den palmaditas en la espalda y te feliciten los periodistas cuando acaba el juicio como pasa en toda esa imbecilidad de películas? ¿Cómo sabes tú mismo que no te estás mintiendo? Eso es lo malo, que nunca llegas a saberlo.

No sé si Phoebe entendía o no lo que quería decir porque es aún muy cría para eso, pero al menos me escuchaba. Da gusto que le escuchen a uno.

-Papá va a matarte. Va a matarte -me dijo.

Pero no la oí. Estaba pensando en otra cosa. En una cosa absurda.

-¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir?

-¿Qué?

-¿Te acuerdas de esa canción que dice, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo, cuando van entre el centeno...»? Me gustaría...

-Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno» -dijo Phoebe-. Y es un poema. Un poema de Robert Burns.

-Ya sé que es un poema de Robert Burns.

Tenía razón. Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno», pero entonces no lo sabía.

-Creí que era, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo» -le dije-, pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

Phoebe se quedó callada mucho tiempo. Luego, cuando al fin habló, sólo dijo:

-Papá va a matarte.



J. D. Salinger, "El guardián entre el centeno"

jueves, 15 de julio de 2010

Tarde de domingo

- Definitivamente, eres la persona más rara que conozco.

- En mi familia siempre hemos sido así.- Midori clavó un codo sobre la mesa, reclinando la cabeza.- Desde pequeña, los demás siempre me decían "Midori haz esto", "Midori haz esto otro", "sé una niña buena y mantén tus modales delante de la gente", pero yo siempre iba a mi aire. Si quería algo lo cogía, y punto. Si a alguien le molestaba que yo fuera de una forma o de otra, más razones me daba para rebelarme. Mi padre y mi hermana eran los únicos que me importaban. Y como a ellos esas cosas les daban igual, nunca me preocupé de cambiar.

********

Seguimos andando a lo largo de una avenida llena de árboles. Debía haber un parque cerca, porque a nuestro lado pasaban a menudo algunos niños con sus madres, y parejas de novios despreocupadas que paseaban de la mano. Midori parecía pensativa mientras avanzábamos a lo largo de aquel camino. Vista objetivamente, era bastante guapa. Llevaba el pelo corto, y sus rasgos eran suaves y armónicos. Además, tenía unas piernas bonitas y estilizadas que no pasaban desapercibidas para los transeúntes masculinos, quienes siempre echaban una mirada de reojo al pasar junto a nosotros. Probablemente, de haberla conocido en otro momento, me habría interesado más por ella. Pero ahora mismo estaba atado de pies y manos. Naoko absorbía mis pensamientos a lo largo del día, y a veces también por las noches, durante mis sueños. En el último de ellos, aparecía bajo las columnas de un panteón. Yo subía las escaleras para llegar a ella, pero, cuando por fin la alcanzaba, otro rostro me devolvía la mirada. Una persona completamente desconocida me taladraba a través de unos ojos transparentes. Tenía la sensación de conocerla de algo, y parecía que tuviera algo importante que decirme, pero, en cuanto despegaba sus labios, un ruido de despertador amortiguaba sus palabras. Cuando me ocurría, despertaba confuso y desorientado, y permanecía sentado en la cama, y entonces el tiempo se paraba, durante minutos, o segundos, o tal vez horas.

Yo seguía reflexionando sobre todas estas cosas cuando Midori volvió a hablarme.

- ¿Sabes? Ahora que lo pienso, tú no tienes hermanos, ¿no, Watanabe?

- No, soy hijo único.

- A mí me habría gustado saber cómo es. Acaparar todo el cariño de tus padres y familiares, sin tener que compartirlo con nadie.

- La verdad, no te pierdes mucho. Al contrario que tú, de pequeño siempre quise tener un compañero de juegos, a veces me aburría una auténtica barbaridad... Supongo que cada uno quiere aquello que no tiene.

Midori se quedó meditando unos instantes.

- ¿Y qué es lo que quieres tú, Watanabe?-preguntó.

- No lo sé ni yo.- la pregunta de Midori me cogía por sorpresa.- Tal vez lo mismo que todo el mundo, un buen trabajo, una chica bonita, vacaciones en el verano…

- ¡Qué aburrido! Yo no creo que tú seas así.

- Quizá aún no me conozcas lo suficiente.

- Créeme, yo de estos temas entiendo. A mí me parece que lo que la gente quiere en realidad es otra cosa.

- ¿Qué cosa?

- Alguien que esté ahí para siempre. Como las madres, ¿sabes? Alguien con quien puedas contar para lo que sea, que viniera desde la otra punta del mundo, si de veras lo desearas y fuese necesario.

- Es una forma interesante de verlo.

- Mi hermana y yo perdimos a nuestra madre cuando nací yo. Por eso nunca tuvimos a alguien que estuviera ahí siempre, siempre, siempre. Mi padre entró en el hospital, y ahí sigue, con una enfermera sujetándole el pito para que pueda orinar. Nos quedamos las dos solas. Así que, desde pequeñas, nos juramos que ninguna abandonaría jamás a la otra, sin importar lo que pasase, aunque nos casáramos o nos fuéramos a vivir muy, muy lejos.

- ¿Entonces encontraste lo que buscabas?

- Algo así.- Midori agachó la cabeza mientras seguíamos andando.- ¿Y tú, Watanabe? ¿Has encontrado lo que buscabas?

- Es complicado.-respondí. No me apetecía contar la historia completa de Naoko, así que simplifiqué.- Hay una chica, pero ahora mismo las cosas son muy difíciles. La situación es difícil. No sé muy bien lo que ocurrirá en el futuro. La verdad, tampoco quiero pensar en ello.

Continuamos andando a la sombra de los árboles hasta llegar al final de la calle. Una suave brisa nos soplaba en la cara, refrescando nuestros rostros. Cuando doblamos la esquina, tal como había pensado antes, encontramos un parque. Estaba lleno de niños con sus madres, y algunas parejas en los bancos. Aquí y allá veíamos corrillos de amigos que se relajaban en la hierba, sacando partido al sol. Caminamos hasta encontrar un banco y nos sentamos en una zona tranquila, situada junto a una enorme fuente que coronaba el ambiente natural de aquel lugar. Midori no tardó en subirse a la fuente, y comenzó a rodearla andando de puntillas sobre los bordes.

- ¡Ven, Watanabe! ¡Inténtalo tú también!

- Deberías tener cuidado.- la reprendí.- Si te caes desde ahí arriba te vas a hacer daño, y vas a acabar empapada.

- ¡Qué soso eres!- Midori se sentó en el borde de la fuente y, quitándose los zapatos, sumergió los pies en el agua.- ¡Anda ven! ¿Esto no es peligroso, verdad?

Tras agitar la cabeza resignadamente, me levanté y me senté junto a ella.

- Me encanta hacer esto.-dijo mientras empezaba a mover los pies bajo el agua. Los peces huían despavoridos en cuanto los dedos de Midori se acercaban a su territorio.- Cuando era niña y venía con mi padre, siempre me traía aquí para que pudiera remojarme un rato. Y luego, a veces me llevaba al parque de atracciones de Shizuka, que estaba de camino a casa.

- Podríamos ir después si quieres, hoy no tengo planes.

- No, hoy no me apetece.-empezó a chapotear con más fuerza, e intenté calmarla, pero demasiado tarde, con lo que ambos acabamos empapados entre risas y forcejeos. Midori sonrió y me miró radiante de alegría.- ¿Watanabe, me llevas a bailar?

jueves, 3 de junio de 2010

Palabras

Naoko hincó los codos sobre la mesa y clavó la vista en un calendario que colgaba de la pared. Tal vez esperaba encontrar allí las palabras adecuadas. Por supuesto, no las halló. Suspiró, cerró los ojos y se arregló el pasador del pelo.

-No importa -tercié-. Comprendo lo que quieres decir. Pero yo tampoco sé cómo expresarlo.

-No puedo hablar bien -dijo Naoko-. Me pasa desde hace un tiempo. Cuando intento decir algo, sólo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlas, me lío aún más, y más equivocadas son las palabras, y al final acabo por no saber qué quería decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla.

Naoko levantó la vista y me miró a los ojos.

-¿Entiendes lo que quiero decir?

-Esto nos sucede a todos -añadí-. Todos queremos expresarnos y nos impacientamos cuando no encontramos las palabras apropiadas.

Naoko pareció decepcionada por mi comentario.

-No era eso -dijo,pero no añadió nada más.




Haruki Murakami, "Tokio Blues"

martes, 18 de mayo de 2010

Preguntas

-Pensamiento, ¿tienes ya...?

-¿Una respuesta que daros..? Sí, aunque no creo que os agrade

-¡No importa, tenemos que saberla!

-De acuerdo. La respuesta a la gran pregunta, de la VIDA, del UNIVERSO, y de TODO....es...



...42.




-¿Qué?

-Sí, lo he pensado muy a fondo y la respuesta es 42. Pero habría sido más fácil de haber sabido cuál era la pregunta


http://www.youtube.com/watch?v=9Y36JDAIyIA